Los defensores de animales cantaron victoria demasiado pronto.
Los colectivos protectores de animales celebraron demasiado pronto, a la mera hora sí se armó el Congreso Animal de Morelia 2026, aunque la hicieron de pedo y trataron de detenerlo.
Los reclamos de los defensores de mamíferos sí calaron, pprque originalmente lo iban a hacer en la UNAM campus Morelia, pero ante las quejas, la institución dijo “yo no quiero pedos” y se deslindó. Tuvieron que pagar una sede privada, el Hacienda Camelinas.
En estos dos días hubo exhibiciones de perros fifís, exposición de productos para canes y algunas conferencias sobre bienestar animal. Entre otras, cómo hacer que tu bovino no se estrese antes de que te lo comas.
Los perritos finolis, bien acicalados, con las uñas y las colas súper cortitas, caminaban casi flotando por la pista mientras los humanos celebraban el regreso de las “expos caninas”, luego de 20 años.
“No somos animalistas, somos especistas”, habían advertido ya desde la rueda de prensa donde dieron a conocer el evento los organizadores.
“¿Qué chingados es eso?”, pensé en ese momento porque nunca había oído ese término tan fufurufo pero las dos cosas suenan a defensa de chuchos entonces, ¿por qué marcar esa diferencia con ese tono casi casi peyorativo?
Según entendí después, con los comunicados de las organizaciones defensoras de animales, lo que pasa es que los especistas defienden la cría sobre la adopción, las razas puras, algo así como lo que vendría siendo la “supremacía blanca” pero en lomitos.
Por eso los animalistas los tachan de discriminatorios, porque en este discurso no caben los canelos ni los firulaises y las prácticas de cría de perros traspasan la frontera de lo cruel, ellos han rescatado perritas que son obligadas a preñarse y parir sin parar y luego desechadas como trapos sucios.
“El congreso NO promueve ningún tipo de explotación animal”, reforzaron los organizadores en un comunicado.
Esto fue después de que la UNAM les cancelara la sede. Se esperaron unos días antes de pronunciarse y decidieron incorporar algunos temas a sus charlas, como “el abandono animal”, como para taparle el ojo al macho o para que vieran que son buena onda también.
También le cambiaron el nombre al evento en alguna de su publicidad, como para pintar más su raya. Le ponían “primer congreso faunista de Morelia”.
La indignación de los animalistas creció cuando se enteraban cuánto cobraban por participar en la pasarela de perritos, pprque sí se estaban llevando una buena lana (cientos de miles), cuando en las ferias de adopción y recaudaciones que hacen para refugios a duras penas recaban algunos kilos de croquetas.
Los especistas alegan que nada tiene de malo su negocio y que hasta es mejor así, programar los nacimientos y vender bien caros los animalitos pprque es garantía, según, de que los van a querer mucho y no los van a abandonar.
Mientras tanto, los refugios están saturados de perritos y gatitos que fueron arrojados a las calles o qie les manda la fiscalía, cuando se los quitan a personas que les hacen daño.
