De cómo nos quedamos encerrados en CU en medio del estallido de la huelga y el estallido del cielo.
«Mucho odio, mucho rencor, muchas cosas» tiene el SUEUM, dice su líder Eduardo Tena, entre nubecitas de humo de tabaco y de desprecio hacia la rectora Yarabí Ávila.
Los edificios de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo se erguían, imponentes y completamente oscuros en un estacionamiento vacío, en dónde sólo se escuchaba el tronar del cielo y el tenue caer de gruesas gotas de lluvia.
La bandera rojinegra ondeaba y el colérico viento movía la escasa cabellera del líder sindical encolerizado desde hace alrededor de 30 años contra el rector en turno.
Todas las salidas estaban cerradas con candados y sin gente. Se podía ver uno que otro auto a lo lejos dando vueltas y un ciclista, desconcertado, buscando la manera de huir en un camino apagado y vacío mientras el cansado líder daba su entrevista del otro lado de la reja, afuera.
“Parece ser que se le viene la noche encima a la rectora”, amenazó Lalo Tena y encima se nos vendría nosotros la noche minutos después, dando vueltas en un campus vacío con todos los accesos encadenados.
Eduardo Tena celebró que esta vez la Junta Local de Conciliación y Arbitraje sí les concedió la huelga de puertas abiertas, aunque antes habían dicho que no estaba bien afectar a los estudiantes ahora sí está bien, porque Yarabí hizo enojar a Bedolla.
Despechado por su otrora amiga Yarabí Ávila porque metió a Raúl Morón y se la pasa de “cachondeo” encerrada con él en su oficina supuso que eso molestaba a su exvecino Ramírez Bedolla tanto como a él.
Y aunque dice que él no tiene ninguna relación con Bedolla más que aquella lejana vecindad en que jugaban dominó, aseguró que fue él quien tocó las puertas del Congreso del Estado para recordar que el Consejo Universitario no ha emitido las reglas para elegir al próximo rector en enero de 2027 y pedir un exhorto para que «deje de hacerse tonta» la rectora.
«Queremos saber las reglas, a lo mejor a mí me dan ganas de participar».
En la entrada peatonal había huelguistas, pero nadie sabía por dónde salir con vehículo y ellos no tenían las llaves de los candados. La huelga nos absorbía y estábamos a punto de convertirnos en parte de ella.

¿Cómo llegamos a ese momento?
Todo empezó porque llegamos apenas y no había dónde estacionar, por lo que creímos buena idea meternos al estacionamiento. En ese momento no nos habíamos enterado que sería una huelga a puertas cerradas.
Cuando llegamos a Rectoría, ya habían acabado de cantar su himno y con algarabía se dirigían a cerrar otros accesos. Preguntamos al enlace de comunicación del SUEUM si cerrarían los estacionamientos y dijo que no. Le creímos.
Minutos después, con cara de infinito cansancio y fastidio, bajó Lalo Tena de su vehículo entre porras de unos 19 sindicalizados. Mujeres, en su mayoría. Recordé aquel episodio, lejano ya, en que la directora de Control Escolar lo denunció por violencia de género porque la insultó o cuando decían que violentaba a su expareja, pero eso ya quedó en el olvido.
«Va a ser larga la huelga para que los jóvenes estudiantes y los otros sindicatos se preparen para aguantarla», amenazó, mientras le daba vueltas entre sus manos a una cajetilla cerrada, intentando sin éxito quitarle el plástico.
Y los estudiantes como el meme: “ah bueno, chingo mi madre”, unos sin clase y algunos de posgrado, con fechas límites para titularse según Secihti (Conacyt pa los compas), pero todo ello se lo pasan por el arco del triunfo el líder sindical y su comidilla, pues avizora que podrían ser meses, hasta seis, los que le quedan a Yarabí, aunque también cree que “no durará tanto” (la rectora, no la huelga).
A nosotros nos preocupaban otras cosas, porque mientras Tena hablaba a regañadientes el cielo se iba oscureciendo y los relámpagos anunciaban un estallamiento distinto al suyo.
Cuando quisimos entrar de nuevo, personal de seguridad estaba cerrando la reja con una cadena y un candado. Imploramos que nos dejaran sacar la nave pero les valió madres, un escuincle como de veintitantos sentenció que ya había cerrado, como si eso las puertas no estuvieran hechas precisamente para abrirse y cerrarse y que el carro ahí se iba a quedar hasta que se acabara la huelga.
-¡Pero va a durar meses!
-Sí-, sonrió el idiota.
Informamos que teníamos las llaves de casa y la cartera dentro pero con la actitud dictatorial que brinda una brizna de poder a cualquier pobre pendejo y aunque su compañero le sugirió sacar las llaves y abrirnos, el joven guardián dijo que no, que ya había cerrado.
Agregó que podríamos ir a hablar con los huelguistas pero lo hizo con dolo, a sabiendas de que ellos no tenían la llave, pues ellos eran los únicos que la tenían y se estaban yendo.
-No tienes llave o qué- preguntó mi compañera.
-No-, mintió el bastardo.
Regresamos con el gordo Tena, lo estaban entrevistando, fuimos con su enlace de prensa, nos envió con otro enlace que nos llevó hasta el acceso principal de CU, donde había otros miembros del SUEUM pero nadie sabía decir cuál estacionamiento estaba abierto y aseguraban que habían acordado con los de seguridad dejar esa reja abierta, esa misma por donde no nos dejaron entrar y ahí se despidió el emisario, diciendo que tenía cosas qué hacer.
La verdad es que no fue gracias al área de comunicación del sindicato que logramos escapar, porque no pudo importarles menos, no respondieron ni llamadas ni whatsapps. Celic Mendoza hizo oídos completamente sordos a pesar de que le notificamos que habíamos dejado un niño solo en casa por ir a cubrir su chingada huelga.
Los héroes de la noche fueron otros sindicalizados, ya sea que se hayan compadecido o hayan reflexionado cuando mencionamos que ellos tampoco iban a poder sacar sus carros, por lo que decidieron romper el candado y soltarnos.

Bueno, ¿y qué quieren?
Aunque todo pareciera indicar que el conflicto es político y tiene que ver con el enojo que generó la presencia del senador Morenista Raúl Morón, Eduardo Tena enlistó que también interpondrán un juicio político por la desaparición de 300 millones de pesos, que ganaron una demanda y les tendrían que haber dado 47 melones o serían embargados hoy mismo y que él personalmente había interpuesto una denuncia penal por falta de cumplimiento de convenios.
Pero además, la cantaleta de cada año de la revisión del Contrato Colectivo de Trabajo y la aprobación de un incremento salarial retroactivo de cada año, que no aceptan porque les parece poco, así como el reiterado reclamo por supuestas violaciones al contrato, todas relacionadas con dinero.
Una vez que logró extraer un cigarrillo, luego de varios minutos de desesperación, lo encendió pausadamente y enlistó:
«Son 48 cláusulas violentadas, todas ellas de carácter económico. Ayudas sindicales que nos robó Cárdenas Navarro en el 2020, no pago de jubilaciones y pensiones de más de 180 trabajadores y no pago de seguros de vida y los gastos de marcha de 80 compañeros».
