Malhora nace del cansancio y el hartazgo.
Del hartazgo de la dinámica de explotación laboral de los medios de comunicación tradicionales y de la dependencia enfermiza de los recursos públicos y el concerniente dominio de las instancias gubernamentales.
De la carencia de sustento de las notas informativas, de la falta de verificación de la información, del clickbait, de la soberbia reporteril por traer las grandes exclusivas o las mismas notas de las mismas ruedas de prensa pero tres minutos más rápido.
En Malhora no hacemos periodismo, somos la antítesis del periodismo. No nos interesa el lenguaje pulcro y rimbombante, no somos imparciales ni respondemos al ¿cuándo, cómo, dónde y por qué?
No somos una voz omnisciente ni hablamos desde una fría neutralidad, no queremos quedar bien con nadie, aunque nos pague, ni siquiera con el gremio, nos vale madres.
No publicamos lo que sea ni porque sí, verificamos la información porque el clickbait no nos mueve.
Recibimos donativos, no comemos aire, pero no nos vendemos. No nos las damos de puristas, no somos los impolutos periodistas independientes, pero especificamos cuál de nuestro contenido es pagado y aún así, nos reservamos el derecho de admisión.
No consecuentamos discursos machistas, homofóbicos, discriminatorios ni clasistas. No toleramos estupideces.
